
Esta es la continuación de un post que nunca escribí. Un post que algún día va a tener que ser subido a NINN porque cuenta una historia, y créanme que de verdad es una gran historia. Ese post, que dejaremos en el limbo durante un tiempo esperemos no demasiado largo, es sobre la primera pelea entre dos de los más grandes boxeadores de todos los tiempos, sobre el sur contra el norte, las pasiones desatadas contra el cálculo frío, el martillo contra el pincel, el polémico impresentable contra el golden boy, Maradona contra Pelé, Roberto Mano de Piedra Duran contra Sugar Ray Leonard.
Esta es la historia de la revancha. Y el mito del "No más"
¿Por qué escribir esta historia? ¿Por qué cuando Duran nos cae bien, debutar escribiendo sobre su persona con una derrota que terminó siendo humillante, y contra el mayor rival que el panameño haya tenido? Básicamente porque, entre otras cosas, por esta pelea es que Duran tiene carne de mito.
Lo mencioné más arriba. Esta rivalidad era semejante a un Maradona vs. Pelé en el boxeo, pero con ambos conviviendo en la misma época y enfrentándose en el pico de sus carreras. Sigamos con la analogía: no se si Maradona fue mejor que Pelé (vi poco al brasilero), pero creo que el que se considere más grande al Diego por tanta diferencia tiene que ver con lo épico de su carrera. Con las caidas, con el resurgimiento, con lo vergonzoso y lo heróico combinados en un solo tipo que era cualquier cosa menos perfecto. La descripción le calza a la perfección al púgil panameño.

El 20 de Junio de 1980 Durán había batido a Sugar Ray Leonard por decisión unánime en un combate parejísimo a 15 rounds por el título mundial en la categoría Welter. Para concretar esa pelea el panameño había cedido absolutamente todo: cobró menos de una cuarta parte de lo que embolsó Leonard, subió dos categorías de peso y aceptó pelear en el mismo estadio donde Sugar había conseguido el oro olímpico en el Olympic Stadium de Montreal, en Canadá. Aquello mostraba las ansias con de Durán, quien ya era una leyenda viva, considerado uno de los mejores pesos ligeros de todas las épocas, aunque algo alejado del radar del gran mercado norteamericano, y que deseaba enfrentar al hasta entonces invicto campeón mundial en lo que consideraba con razón que sería su pelea consagratoria. Tenía razón.
Luego de la victoria, Durán descarriló.
Lisa y llanamente descarriló. Se dedicó a romper la noche panameña, abandonó por completo el régimen deportivo de entrenamiento que lo había llevado a alcanzar el mejor estado físico de su vida, y se sumergió más que nunca en una espiral de drogas, alcohol, salsa, joda, mujeres y un poco más de drogas (?). Su idea era arreglar una revancha contra Leonard para, al menos, un año más tarde. Pero Sugar, ni lerdo ni perezoso, enterado de la condición del panameño comenzó rápidamente a hacer lobby con el promotor Don King para que rompiera todos los acuerdos preexistentes que ubicaban la revancha en septiembre del año siguiente, y que organizara un nuevo combate lo más rápido posible. Durán había sorprendido a todo el mundo con su victoria sobre el norteamericano estando al 100% físicamente, pero al perder la disciplina se había convertido en una presa demasiado vulnerable para el inteligente Leonard.
El punto de quiebre llegó cuando Don King se acercó a los manejadores de Durán para acordar el adelantamiento de la revancha. Ofreció un toco así (?) de dólares para el panameño, algo que no había sucedido en la primera pelea, pero en especial una oportunidad que nunca se le había dado a Mano de Piedra en toda su carrera. A pesar de ser ya una leyenda consumada, y habiendo sido campeón mundial de los ligeros durante un buen tiempo, nunca había logrado una bolsa de primera categoría. El dinero fue demasiado tentador, y el centroamericano mordió la carnada.
La pelea fue programada entonces para noviembre de ese mismo año, 5 meses después que la primera. Aquello resultó nefasto para la deficiente preparación de Durán, quien había engordado más de 20 kilos y se vio obligado a realizar una combinación entre dieta y diuréticos que resultó destructiva para su organismo.Luego del pesaje, un famélico y deshidratado Mano de Piedra se sumió en un grotesco festival culinario que habría de terminar jugándole definitivamente en contra. Recordemos que por aquellos años, el pesaje solía hacerse aún el mismo día que la pelea, lo que expone aún más el pésimo estado en el que llegaba Durán.
Detengámonos por un momento en el retador. Sugar Ray Leonard ya era considerado uno de los grandes. Hasta su derrota con Durán era visto como el mejor boxeador del mundo libra por libra, además de ser la cara perfecta, el boxeador que todo manager sueña con manejar. El producto definitivo, digamos. Pero además era un estilista, un atleta de primer nivel con un físico privilegiado, rápido, ágil, lleno de gracia, y todo un artesano boxísticamente hablando. Poseedor de una técnica depurada y un juego de piernas al alcance de unos pocos elegidos, pero también dueño de una inteligencia notable para leer los combates, Leonard, de la mano de su entrenador Angelo Dundee (el mismo que Alí), planificó una estrategia carente de fisuras para volver a enfrentar al campeón mundial, aprovechando todos y cada uno de sus puntos fuertes, y tomando ventaja de los pocos defectos del panameño: su carácter, su menor alcance y velocidad, su preferencia por el intercambio de golpes en espacio reducido. Durán era rápido, duro, cabrón, si. Pero Leonard, en aquellas circunstancias podía ser más rápido, insoportable, bufonesco y odioso. El norteamericano afirmó luego que nunca había llegado mejor preparado física, mental y tácticamente a una pelea. No more Mr. Nice Guy.

La pelea se disputó un 25 de Noviembre de 1980, en la ciudad de New Orlenas y en un Louisiana Superdome atiborrado de gente espectante por semejante promesa de espectáculo. Antes del comienzo el músico afroamericano Ray Charles cantó "America the beautiful". Leonard estaba exultante. Su madre lo había bautizado como el músico por su admiración hacia el mismo, y era la primera vez que boxeador y artista se encontraban. Era la noche de Sugar.
Desde un principio se entendió perfectamente lo que ambos peleadores habrían de exponer aquella noche. Sugar Ray se ubicó a una distancia prudente de Durán, mientras el panameño ocupaba el centro del ring. Leonard bailaba, corría, se movía con gracia alrededor del centroamericano, y este de tanto en tanto intentaba una arremetida contra el norteamericano. Mientras el campeón se cansaba de golpear a la nada, de perseguir una sombra, un espíritu, Leonard golpeaba en retirada mostrando que en ningún momento su intención era lastimar a su rival. Su dominio no era abrumador. Simplemente dejaba constancia de su superioridad, sin hacer mella en la defensa del panameño.
En el tercer round Durán emparejó las cosas llevando a su contrincante a las cuerdas en varias ocasiones. Podía estar en un pésimo estado físico, pero seguía conservando coraje. Y a puro empuje acorraló en un par de ocasiones a Leonard, y aunque no lo lastimó, impidió que este continuara con su particular "hit n' run", sabiendo que no debía dar lugar a que Durán colocara alguno de sus potentes golpes.
Los siguientes rounds fueron parejos, e incluso Durán consiguió cierta ventaja, lanzando incluso a la lona a su rival, aunque la caída no contabilizó puesto que fue producto de un empujón del panameño. Sin embargo Leonard mantenía la concentración y dominaba estratégicamente el combate.
Así ambos llegaban igualados en las tarjetas al séptimo round, momento en el que hizo eclosión la estrategia de Leonard. Con un Durán que comenzaba a exponer su agotamiento, Leonard empezo a bajar la guardia y a mostrarle su rostro a su rival a un metro del mismo. Durán, enfurecido, lanzaba golpes que, a distancia prudente, Ray esquivaba sin complicación. La impotencia crecía en el panameño, mientras Leonard se burlaba de él. Sobre el final del round, Sugar Ray efectuó que se volvería legendario: agitó su brazo derecho como a punto de lanzar un golpe, en una clara exageración y distrayendo a Durán quien recibió un limpio y claro jab de izquierda en medio del rostro.
Sin lastimarlo en ningún momento, Leonard estaba dejando en ridículo a su contrincante, a quien cada vez se le hacia más complicado alcanzar al norteamericano. Durante el octavo round, Leonard continuó bailando, corriendo, esquivando, completamente fresco como si el combate recién hubiese comenzado, en contraposición a un gris Durán que no daba pie con bola y se mostraba cada vez más lento.
Y entonces Durán descarriló.
Lisa y llanamente descarriló. Sobre el final del octavo round, el panameño dio media vuelta y agitó los brazos mientras decía al árbitro las palabras que pasarían a la historia. "No más, no más.". Este lo alentó a que continuara, e incluso Leonard se acercó y lo golpeó, tal vez pensando que la pelea continuaba o para enfurecer más a su rival, pero Durán mantuvo su inexplicable posición. "No más, no más. No más boxeo. No quiero pelear contra este payaso".
El público estalló. Leonard se subió a las cuerdas a festejar su título mundial recuperado. En la esquina de Durán, se mostraban enfurecidos, mientras el ex campeón no se mostraba ni abatido ni enfurecido. Inmutable, incluso llegó a abrazar a Leonard cuando este se acercó a saludarlo, a diferencias de la primera pelea donde Mano de Piedra se había negado a chocar guantes.

Durán fue enterrado en vida. Cuando llegó a Panamá nadie lo esperaba en el aeropuerto, y, sorprendido, descubrió que todos en la ciudad lo llamaban "gallina". Según el, lo que había hecho era lógico. Años más tarde declaró a Sports Illustrated que no tenía sentido continuar, puesto que aquella pelea ya estaba perdida. Además, desde el primer día acusó unos fuertes dolores estomacales que había sufrido a partir del quinto round producto del atracón previo a la pelea. En una entrevista de 1981 a Carlos Irusta para la revista argentina El Gráfico, Durán dijo: "Tome sopa y luego jugo y mire lo que pasa (...) Mezclé alimentos frios y calientes y me descompuse. (...) Era estúpido seguir. Era estúpido estar en ese ring, fue estúpido tomar esa pelea.".
El mundo del box dio por muerto a Durán. El otrora campeón considerado imbatible y poseedor de unos enormes huevos junto con la siempre mencionada Mano de Piedra, ahora era visto como un cobarde, un tipo incapaz de afrontar a los grandes. Un cagón. Y luego de un par de derrotas se decretó su defunción deportiva.
Craso error. Durán volvería a encontrar su lugar bajo el sol venciendo, tomando "venciendo" como eufemismo para "destrozando", tanto al mexicano Pipino Cuevas como al invicto campeón Medio Ligero de la WBA Davey Moore. Sería su tercer título, al que sumaría en 1989 un nuevo campeonato mundial por los pesos medios, ganando a Iran "The Blade" Barkley a la edad de 37 años y asegurándose su cuarto título en cuatro categorías distintas.
Leonard en tanto ganaría, además de su recuperada corona Welter, los títulos mundiales de Medio Ligero y Medio, venciendo en el transcurso de la década a varios de los mejores boxeadores de su época, como Thomas "Motor City Cobra" Hearns y "Marvelous" Marvin Haggler, entre retiradas y regresos triunfantes.
Mano de Piedra y Sugar se volverían a enfrentar una vez más en 1989, pero eso... eso queda para otro post.
Roberto "Mano de Piedra" Durán vs. "Sugar" Ray Leonard, la revancha en New Orlenas:
gran post Davor, estas historias las contas con asombrosa facilidad y que tenga una lectura simple.
ResponderSuprimirMarvelous