5.20.2011

Lo que se dicen huevos...


El 18 de Mayo del año 2002, dos peleadores se enfrentaron en el que sería el primero de una trilogía de combates que marcaría a fuego el boxeo en la primera década del siglo XXI. Ninguno de los dos se encontraba entre los mejores en su rubro. Ninguno de los dos era un talentoso. Ninguno había tenido una carrera fácil. Aún así se las arreglaron para brindar al público una pelea que a día de hoy sigue estando considerada entre las más grandes de todos los tiempos. Esta es la historia del primer encuentro entre "Irish" Micky Ward y Arturo "Thunder" Gatti.

Esta trilogía terminaría signando la carrera de ambos deportistas para bien. Es notorio que una serie de combates haya pasado de tal forma a la posteridad, siendo que en ninguno de ellos estaba en juego un título mundial. Pelea tras pelea las espectativas crecían, y el amor y la admiración que el público promulgaba hacia estos dos hombres aumentaban exponencialmente. Ambos dieron un espectáculo sobrecogedor, demostraron ser capaces de inflingir y soportar castigos notables, pero sobre todo, de poder sobreponerse en incontables ocasiones a escenarios en los que cualquier otro boxeador de más renombre, talento y técnica se hubiera visto completamente desbordado.

Como decíamos en un principio, ni Gatti ni Ward eran considerados precisamente grandes púgiles.
Micky (de quien ya hablamos en otra oportunidad), oriundo de Lowell, Massachusetts, en los Estados Unidos, había tenido bastante éxito como amateur, aunque su carrera profesional le había granjeado más penas que gloria. Incluso, luego de perder cuatro combates seguidos entre 1990 y 1991, Ward decidió retirarse de la actividad deportiva para dedicarse íntegramente a su trabajo de medio tiempo pavimentando calles. Sentía que había quedado encasillado en la posición de "escalón", el tipo de boxeador intermedio que los realmente buenos enfrentan de compromiso antes de ir a por un título o una bolsa importante. Volvió al boxeo profesional recién en 1994 y a fuerza de varias hazañas y victorias inesperadas logró consolidarse como un hombre a tener en cuenta en el mundo del boxeo, llegando incluso a ser campeón de los Welter Ligeros por la WBU durante breves 5 meses y tras la pelea con Shea Neary que retrata la película The Fighter.
Ward se caracterizaba tanto por tener una mandíbula sólida y resistente cual edificio soviético, como por aplicar constantemente golpes al cuerpo de sus rivales con la intención de, round a round, ir demoliéndolos hasta que sus organismos dijeran basta.


Gatti, por su parte, había tenido algo más de suerte. Nacido en Italia, criado en Canadá, y habiendo comenzado su carrera en New Jersey, había ya tenido varios highlights notables en su trayectoria como profesional. Un año antes había sido derrotado por Oscar De La Hoya, además de, a mediados de los años '90, haber sido por un buen tiempo campeón Superpluma de la IBF. A pesar de no haber conseguido tantos logros de peso, había participado en los Combates del Año para la revista Ring de los años 1997 y 1998 (contra Gabriel Ruelas e Ivan Robinson). Su estilo era particularmente atractivo para el público estadounidense, lo que lo había transformado en una especie de boxeador de culto. Aguerrido, capaz de ir al frente sin importar cuántos golpes vuelen en dirección a su persona, de pelear con una mano rota (como haría en otra de las peleas contra Ward), y un poco vendehumo ("me gusta sangrar" llegó a declarar). Sus fans sabían que jamás habría de ser considerado entre los más grandes, pero no importaba. Aquel italocandiense tenía huevos y se notaba. Jake LaMotta, el mítico "Toro Salvaje" declaró en una ocasión que Arturo Gatti le recordaba mucho a él. Palabras que valen más que varios campeonatos.

Como ya aclaramos, no había ningún cinturón en juego aquel 18 de mayo del 2002, en el Mohegan Sun Casino, Connecticut, y sin embargo dos tipos subían al ring dispuestos a hacer historia.
El combate arrancó con Gatti inclinando la balanza para su lado. Jabs de altísimo impacto combinados con una mayor movilidad que su oponente le permitieron trasladarse y manejar el transcurso de la pelea con comodidad. Aún así, aprovechó esa velocidad superior a la de Ward para conectar varias combinaciones cuando se abría la oportunidad para el intercambio de golpes. Micky, mientras tanto, intentaba atacar, siempre yendo hacia adelante. Rendirse nunca, retrocederse jamás, y así casi inmediatamente su cara se convirtió en una masa amorfa y sanguinolienta como, para ser justo, le ocurría en casi todos sus combates. Las escaramuzas aumentaban, y el rigor de los golpes crecía junto con las mismas. Ward se adueñaba así del centro del ring y de todos dedos de Arturo con su cara, mientras intentaba acorralar y conectar algún golpe para hacer mella en Gatti.
El tiempo transcurría y Gatti, en lugar de aprovechar para regular el combate e intentar ganar desde lo táctico, intentaba jugadas cada vez más lanzadas. El rostro de Ward estaba irreconocible, es cierto, pero el acercamiento le había permitido conectar más y más golpes a un rival que empezaba a ver como la diferencia en puntos que había conseguido al inicio desaparecía lentamente.


El combate recrudecía y ambos peleadores recibían un castigo formidable. Gatti, más rápido, lograba colar más golpes, mientras que Ward los aplicaba mucho más fuertemente. De pronto cualquier atisbo de tacticismo había sido dejado de lado para abrir la cancha al surgimiento de la vieja danza del dar y recibir. Los golpes a mansalva volaban de un púgil al otro sin compasión, mientras la gente bramaba en las tribunas. Los locales alentaban la crudeza y hombría de Thunder, mientras que las hordas llegadas de Nueva Inglaterra se deshacían en cánticos a favor de la desesperada paciencia y la acérrima dureza de Irish Micky. Todos, absolutamente todos sabían que estaban presenciando un duelo formidable.

La pelea sigue, y sigue, y ser el cuerpo de Gatti parece el peor trabajo del mundo, mientras el rostro de Micky Ward se parece al de Nicholas Cage cuando despierta sin jeta en "Contracara".

De pronto Ward comienza a tener a Gatti a tiro y aplica una serie de mazazos que el italocanadiense se ve obligado a intentar absorber. Pero Micky continúa lanzando sin contenerse, y por primera vez en la pelea Gatti no hace más que recibir indefenso. Suena la campana, y mientras lo atienden, Ward escucha atento lo que le explican:
Su rival está listo. Tiene que comérselo.

Y así arrancó el noveno asalto.

El entrenador, comentarista y miembro del Salón de la Fama del Boxeo Emanuel Steward lo bautizó como "El Round del Siglo". Créanme que no exageró ni un ápice cuando lo hizo.
Ward salió hecho una tromba, dispuesto a noquear a como dé lugar a su contrincante. Lo encerró contra las cuerdas mientras buscaba abrazarse al cuerpo de Irish para detener el castigo por unos instantes. Luego de un par de golpes al cuerpo, Gatti se dobló de dolor, y arrodillado esperó el conteo del árbitro que contabilizó la caída. Se levantó dispuesto a proseguir con la pelea, mientras Ward se acercaba a los tumbos dispuesto a finiquitarlo. Sin embargo sucedió algo que sorprendió a todos. Mientras Micky continuaba a los mandoblazos, Gatti resistía, y no solo eso, sino que además devolvía. Ward intentaba conectar, ya sin el empuje de comienzos del round, mientras que su rival retribuía de la misma forma por compromiso. Pero conforme transcurrían los segundos, los golpes de Gatti se hacían sentir más incluso que los del estadounidense. Nadie entendía lo que ocurría. En un minuto, Thunder había pasado de estar terminado a tener acorralado a su rival contra las cuerdas infringiendo un nivel de daño que hacía que el público delirara y que Ward, que se había plantado todo el combate en el centro del ring, tuviera que retroceder.
Entonces resurgió Micky, para mostrar que el tampoco estaba resignado a que el asalto quedara en eso. Con un súbito burst de energía apoderándose de sus entrañas, Ward volvió a aporrear a Gatti como si nada hubiera ocurrido luego de la caída del mismo. El round terminó con ambos lanzándose golpes, agotados, los rostros abollados, deformados, y el espíritu en alto tras haber estado, los dos, al borde del KO y haber podido escaparle huyendo hacia delante, a base de actitud, golpes y coraje. Lo que se dice huevos.

El fuego cruzado continuó durante el décimo y último round. Ninguno de los dos escatimó energías o golpes, a sabiendas de que aquello era un empate virtual. No aflojaron en ninguno de los 3 minutos finales, y terminaron abrazados tras haber brindado uno de los espectáculos más grandiosos que hayan podido verse sobre un ring en este siglo.
Un juez dio como vencedor a Gatti, mientras que dos terminaron otorgando la pelea a Ward quien de forma casi inmediata procedió a arreglar la revancha. No debían escalar posiciones. Ya no eran boxeadores de paso, para lucimiento de otros. No importaba que no pelearan por el título. Aquello era boxeo puro y duro, y Micky sintió que era importante para ambos el volver a repetirlo.


Lo harían. Dos veces más. El primer Gatti vs. Ward sería elegido como Pelea del Año 2002 por la revista Ring. Lo mismo pasaría con Gatti vs. Ward III al año siguiente. Tres peleas en un nivel espectacular. Una saga de combates considerada por muchos entre las más grandes de la historia, y todo entre dos tipos que nunca habían sido ubicados por la intelligentsia del boxeo como parte de la elite deportiva, y que no peleaban por un campeonato. Los Ward-Gatti fueron todo un suceso, a nivel televisivo y comercial, tanto es así que terminaron siendo la portada del juego Final Night Round.


Tras el tercer combate, Ward se retiraría de la práctica profesional para regentear su gimnasio en Lowell, Massachusetts. Gatti continuaría peleando y ganaría el título de los Welter Ligeros de la WBC para perderlo, tras dos defensas con el cagón invicto Floyd Mayweather Jr.
En su siguiente pelea conseguiría el cinturón de los Welter de la IBF (título que le arrebataría el argentino Carlos Baldomir) y tras un par de encuentros más se retiraría.
En la última pelea de la carrera de Arturo, su entrenador, y el jefe de su esquina sería su otrora rival, y ahora amigo Micky Ward.

El 11 de julio del 2009, mientras comenzaba a filmarse la galardonada película The Fighter, protagonizada por Mark Wahlberg y Christian Bale, que haría aún más famoso a Ward, Arturo Gatti fue hallado muerto en Pernambuco, donde pasaba las vacaciones junto a su esposa brasileña y su hijo de diez meses. Primero se acusó a su mujer de homicidio (Gatti había muerto estrangulado con la correa de su cartera), pero en último término la justicia declaró que se había tratado de un suicidio.


La primera Micky Ward vs. Arturo Gatti:







3 comentarios:

  1. Gran post de una historia que yo no conocia...

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  2. estoy seguro que Gatti no se suicidó, fue la esposa se le nota en la cara a esa HDP caza recompensas. Arturo Gatti era un guerrero que en el Ring nunca se rendia no puede tener otra actitud completanente diferente fuera de el

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  3. Gatti era un animal arriba del ring. Huevos como pocos, realmente.

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