8.10.2011

El último gran héroe


El día 7 de Enero del año 2006 el indiscutido campeón mundial en la categoría Welter de la CMB, la FIB y la AMB, Zab "Super" Judah, debía afrontar una defensa obligatoria de sus títulos. El norteamericano comenzaba a consolidarse como toda una estrella del boxeo, dominando a sus anchas en las 147 libras, y ya todos se veían venir su esperada pelea con uno de los mejores boxeadores del mundo: Floyd Mayweather Jr. Pero antes, como decíamos, debía defender su condición de campeón, y su rival habría de ser el argentino Carlos "el Tata" Baldomir.

La pelea estaba prácticamente decidida de antemano. Judah era el típico boxeador en que había alcanzado lo más alto y que buscaba consolidarse esperando tener su oportunidad contra las leyendas, mientras que Baldomir era un tipo decididamente viejo, poco conocido, de escaso atractivo comercial y por el que nadie en su sano juicio daba una moneda. Creo que se van dando una idea de por dónde viene la mano, así que mejor arranquemos por el principio.


Baldomir nació un 30 de abril del año 1971 en Santa Fe, hijo de un vendedor y de una ama de casa. Inspirado por el también santafesino, Carlos Monzón, de quien, en su niñez, miraba los combates junto a toda su familia, el Tata se subió por primera vez a un ring a la edad de 13 años. Cada vez que podía asistía a un rasposo gimnasio de la ciudad, en el que ni siquiera había guantes para todos, para entrenar lo que le fuera posible. Debutando profesionalmente en 1993, su carrera en la Argentina no fue precisamente brillante. Perdió combates en distintos tipos de oportunidades, y debió seguir trabajando de vendedor, como su padre, para mantener a su familia, algo necesario al estar casado desde los 18 años y siendo padre desde los 22. Según sus propias palabras, el tener que laburar afectó en gran medida la primera parte de su carrera, provocándole un déficit en su preparación que la mayoría de los mejores boxeadores del medio local no sufrían.
Baldomir parecía no estar yendo a ningún lado como deportista, cuando empezaron a presentársele oportunidades para pelear en el extranjero. Sudáfrica, Italia, Dinamarca, Inglaterra. De pronto comenzaba a hacer algo de dinero, y su entrenamiento mejoraba consecuentemente. Los rivales iban cayendo uno tras otro, y el santafesino comenzaba a labrarse un nombre en el mundo del boxeo internacional.
Tras varias peleas en Europa, y ubicado ya como número dos en el ranking Welter, arribó a los Estados Unidos, seguro de que pronto tendría su oportunidad por el título. Tanto el desconocimiento del gran público, como su falta de contactos y de appeal como boxeador hicieron que tuviera que esperar tres años hasta enfrentarse en una eliminatoria contra el mexicano Miguel Ángel Rodríguez. Tras vencer por decisión unánime al azteca, el último escollo había sido superado, y ya nada se interponía entre el santafesino y el campeón reinante Zab Judah.

Baldomir era un peleador sin demasiada contundencia en sus puños, lento y excesivamente pesado para el gusto del público general en los Estados Unidos. Sin embargo suplía todo esto con muchísima experiencia, una gran preparación técnica y una de las mandíbulas más duras que pudieran encontrarse en todas las categorías del boxeo. Unos huevos así de grandes, bah. Su promedio de knockouts era bajísimo, pero a cambio era capaz de ofrecer una resistencia sobrehumana ante cualquier tipo de castigo que se le inflingiera.
Sin embargo a sus cualidades le faltaban un plus. Este plus le llegaría en su periplo mundial en la forma de Amilcar Brusa, tal vez el entrenador más importante de la historia de sudamérica, que había sabido ser coach, entre otros, del ídolo de Baldomir: el mismísimo Carlos Monzón.
El Tata llegaba con un poco esplendoroso récord de 41 victorias, 9 derrotas y 6 empates, y con la escueta cantidad de 12 knockouts a su favor. Sin embargo, también había que considerar que el santafesino venía de estar invicto durante más de siete años, dato que no podía ser pasado por alto. Otro punto a favor suyo era que Judah había retrasado varias veces la fecha del combate por distintos motivos, lo que terminó haciendo que Baldomir se entrenara y preparara de forma constante durante prácticamente seis meses.


Zab Judah en tanto tenía una historia radicalmente opuesta a la del argentino. Nacido en Brooklyn, New York, un 27 de octubre del año 1977, desde antes de comenzar su carrera como profesional la mayoría de los expertos habían prestado atención a ese jóven, rápido y exquisito peleador. Tras una exitosa carrera amateur, entró al mundo de los pro en la categoría Welter Ligero, donde encadenó un buen número victorias importantes, venciendo, entre otros, a Irish Micky Ward, y llegando a coronarse campeón mundial de la FIB. Sin embargo en ese peso fue frenado contundentemente por los dos rivales de mayor calibre que le tocaron enfrentar: Kostya Tszyu y Cory Spinks.
Sin amilanarse, Judah subió de categoría y volvió a voltear muñequitos, esta vez como peso Welter. Rápidamente se le presentó otra oportunidad por un título mundial en forma de revancha contra el campeón de la CMB, FIB y AMB Cory Spinks. El neoyorquino se redimió ganando por knockout técnico en el noveno round, para ascender así a lo más alto del boxeo mundial, dejando de lado cualquier tipo de duda que se tuviera sobre sus capacidades como deportista.
Poco después destrozó al mexicano Cosme Rivera, y comenzó a hablarse seriamente de una pelea entre Judah y la superestrella, y uno de los más grandes de la última década, Floyd Mayweather Jr. Pronto las palabras pasaron a ser negociaciones, y aunque todo estaba arreglado, Judah debía, aún, defender su corona una vez más, esta vez ante el ganador de varias eliminatorias, Carlos Baldomir.
Del lado del norteamericano, la pelea era vista simplemente como una buena manera de ponerse en forma en vistas al combate contra Pretty Boy Floyd (y es que esta ya era una realidad, estando confirmada para abril de ese año) y su trabajo en vistas al encuentro, fue más de promoción (presionado por el organizador Don King) que de entrenamiento. Más allá de cualquier aliciente, no existía casa de apuestas en el mundo que no diera como amplio favorito a Judah.


Como ya dijimos con anterioridad, la pelea se llevó a cabo el 7 de Enero del año 2006, en la ciudad natal del campeón reinante, New York, y en el legendario Madison Square Garden, con unas tribunas atiborradas de knickerbockers que querían ver un espectáculo más del crédito local. Judah tuvo el tupé de subir al ring con una publicidad escrita en su espalda (costumbre que por suerte no terminó de volverse común en el boxeo), y aún peor, antes de que se iniciara la justa, y con ambos rivales uno frente a otro, lanzó un golpe al cuerpo de Baldomir en las narices del árbitro (que no tomó represalias), demostrando que además de feo (?) era un terrible mala leche.

La pelea comenzó un poco como todos esperaban, con un Judah moviéndose con toda la gracia del mundo y castigando de vez en cuando al argentino, que tan solo atinaba a adelantarse para chocar contra la defensa del norteamericano y volver a recibir sin compasión. Por momentos Baldomir intentaba correr a su veloz contrincante, quien se regodeaba en aquella situación que él mismo planteaba, golpeando en la huida ante la impotencia del Tata.
De pronto, aún en el primer round, y tras un intercambio inofensivo de golpes, se dio la primera señal al público de que el retador no era un boxeador cualquiera cuando Baldomir le señaló a Judah su propio mentón como indicándole dónde debía golpearlo. Casi enseguida sonó la campana, solo para que el árbitro debiera meterse para separar a los boxeadores: el campeón, enfurecido, contra toda regla seguía intentando golpear al argentino. El trabajo psicológico comenzaba a hacer efecto.
Todo siguió de la misma manera. El estadounidense se movía y golpeaba con mucha más contundencia, mientras el Tata parecía no terminar demasiado de encontrarle la vuelta al asunto. Era lo normal. Judah era más rápido, más fuerte y más hábil. Seamos buenos. Nadie esperaba que aquello se desarrollara de otra forma. Judah lanzaba más y mejores golpes, y la noche, parecía, habría de complicársele al santafesino.

Tras una tríada de rounds que cayeron muy claramente del lado de Zab, Baldomir comenzó a lograr su cometido, consiguiendo que ambos combatieran a una distancia mucho menor de lo que le convenía al campeón reinante. El Tata comenzaba un trabajo de desgaste que se iría prolongando con el transcurrir de la pelea. De pronto los golpes del argentino entraban con escasa oposición, transformando el encuentro en decididamente parejo a pesar de los cabezazos y golpes bajos del mañoso y sucio Judah.

El encuentro proseguía, y el séptimo round comenzaba con un Baldomir mucho más afilado, volviéndo a señalarle a su rival su propia mandíbula para sacarlo, con un Zab Judah que decididamente se estaba desinflando, y que recibía ya tantos o más golpes de los que era capaz de propinar. El Tata se agrandaba, le mostraba el rostro al estadounidense, y lo acorralaba a pesar de los infructuosos intentos de escape del mismo. Y allí, sobre una de las esquinas, llegó el derechazo que cambió todo. Tras ubicarlo sobre el límite del ring, un golpe de Baldomir quebró en dos el desarrollo del combate, dejando groggy durante un tiempo a Judah que tan solo pudo mantenerse en pie abrazándose al argentino durante un buen tiempo. De pronto la imagen que daba el campeón era desastroza. El neoyorquino pasó el resto del round o abrazado a su contrincante, o literalmente corriendo, dándole la espalda a un Baldomir que parecía dispuesto a liquidar de una vez por todas el asunto. Nadie en el Madison Square Garden podía creer lo que allí sucedía.

En el asalto siguiente la cosa siguió exáctamente igual, con un boxeo realmente vergonzoso por parte de un Judah más preocupado en huir que en enfrentar a un Baldomir que, como ya dijimos, no se caracterizaba por tener una gran pegada. Todo había cambiado. De pronto, cada vez que el oriundo de Brooklyn debía sentarse en su rincón, un médico lo revisaba, intentando hacer lo posible para mejorar su situación y condición. La sangre manaba de sus fosas nasales, y lo que este doctor pudiera hacer de nada servía cuando Judah volvía al ring para ser castigado por un Baldomir al que tan solo parecía faltarle el rematar a su rival.
Aún así, todo se mantenía igual. El Tata mantenía su presión, ahogando a Judah en el mismo trabajo de desgaste que venía manteniendo desde el principio, provocando que el norteamericano no llegaba a recuperarse en ningún momento del todo como para volver a embatir como en los primeros rounds.

Así arrancó el último asalto, con un Baldomir que estaba muy claramente por encima en las tarjetas pero que no debía dejarse estar, a sabiendas de que, contra un rival peleando en el patio de su casa, y que ya tenía arreglada una pelea para defender su título contra una estrella del deporte, era muy probable que los jueces le terminaran afanando el combate. Pero entre la falta de carácter de un Judah ya estático, cuyo único recurso real a esa altura era abrazarse al Tata para matar el tiempo, y la escasa capacidad de knockout del santafesino, a pesar de sus incontables cargas contra el cuerpo del neoyorquino, el reloj seguía corriendo, manteniéndose todo como en los rounds anteriores. Y entonces una serie de intercambios de golpes palo por palo terminaron con un Judah a medio enredar entre las cuerdas y el árbitro, aunque sin caer, y con un Baldomir que empezaba a entender que era campeón del mundo, y que festejaba, incluso, faltando un par de segundos.
Contra todo pronóstico, Carlos el Tata Baldomir lograba coronarse campeón del mundo de los Welter por decisión unánime de los jueces en el mismísimo Madison Square Garden.


Al día siguiente la prensa y el público argentinos se desayunaron con que había un boxeador, no a la par, sino muy superior en sus logros a todo lo que habían hecho los más famosos pugilistas nacionales que aquel momento eran la Hiena Barrios y el Huracán Omar Narváez. Lamentablemente Baldomir tan solo había llegado a pagar lo necesario para disputar la corona de la CMB, por lo que se perdió de conseguir las de la FIB y la AMB. Era tan poca la fé que se le tenía que su bolsa era de tan solo cien mil dólares, algo coherente teniendo en cuenta que parecía ser tan solo un sparring del campeón antes de su combate con Mayweather. Justamente fue Pretty Boy Floyd quien, once meses después, le arrebató en todas las de la ley el título, aunque antes Baldomir pudo darse el gusto de hacer su única defensa exitosa despachando en julio y por knockout técnico al mismísimo Arturo Gatti.

Judah nunca más se recuperó del todo, quedando a medio camino entre los bultos y los grandes. Luego de su pelea con Baldomir se enfrentó, como estaba pactado, con Mayweather (habiendo perdido la mayor parte del dinero que le correspondía por perder su combate previo) quien lo demolió sin compasión. Los argentinos tal vez recordemos a Judah por haberle propinado su primera derrota profesional a Lucas Matthysse quien fue asquerosamente robado por los jueces en ese combate. Un tipo nefasto este Judah, digamos.



Otras peleas históricas:
Lo que se dicen huevos: La historia de Micky Ward vs. Arturo Gatti I
No más: La historia de Roberto Durán vs. Ray Leonard II
La Guerra: La historia de Marvin Hagler vs. Thomas Hearns
Trueno y Relámpago: La historia de Julio César Chávez vs. Meldrick Taylor

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